Su obra es una reflexión sobre la memoria y sobre cómo la danza puede convertirse en una herramienta para dar a conocer las
historias y los cuerpos de las personas sometidas a formas de colonialismo moderno en nuestras sociedades.
El coreógrafo de «Ocupación 2», el franco-cubano Lázaro Benítez, se inspiró en el caso
de la aldea de Tabaco, en el municipio de Hato Nuevo, en La Guajira, cuya comunidad
afro-wayuu fue expulsada por la fuerza de sus tierras el 9 de agosto de 2001 por la multinacional El Cerrejón, propiedad de la empresa
Glencore. Más de dos décadas después de esos hechos, «Ocupación 2» se presenta como un gesto de memoria, que recrea esos acontecimientos
con cinco bailarines colombianos.
A partir del ritmo del vallenato y otros sonidos, se inicia un proceso de investigación basado en una arqueología de la memoria
afectiva y colectiva de los habitantes de Tabaco.
«Para mí, es muy importante que la danza se comprometa y que también tenga su lugar en
el escenario, que dé testimonio, que acompañe a estas formas de lucha, en las que los cuerpos se involucran de manera muy concreta en la
batalla y responden a este combate universal: la posibilidad de ser libres, de decidir sobre sus cuerpos en su integridad y su dignidad.
Por eso creo que el escenario debe acompañar a estas danzas, ofrecer su espacio a estas otras formas de expresarse, de bailar, de
luchar», afirma Benítez.
El programa aquí.
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